A UN AMIGO

 

Han pasados algunos meses desde que llegó a su fin la Semana Santa y tras sufrir en nuestros corazones el desgarrador hachazo de la tarde de Viernes Santo más amarga que nos robo el último aliento de una vida desesperada, hemos dejado pasar la época estival para curar las abiertas heridas desangradas.

 

De nuevo, y ya se está haciendo una costumbre, con la llegada de la Navidad, con el aroma a mazapanes, tortas y mantecados, se nos vuelve a pedir plasmar en papel los sentimientos nazarenos que nos deben guiar la próxima Semana Santa.

 

Para esta nueva semana nazarena, La Agrupación de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén quiere renovar su ilusión con la esperanza de conseguir la implicación definitiva de todos los hermanos y simpatizantes que con sus palmas y ramas de olivos acompañan al Cristo Triunfal.

 

La chiquillería siempre dispuesta, juega y revolotea alrededor de la borriquilla de orejas puntiagudas y mirada dulce, por entre las calles silenciosas que devuelven el eco de sus risas inocentes. Agitan sus palmas doradas con aplausos de felicidad y alegría, pues la llegada del Mesías abre las puertas de la villa a los visitantes que han esperado todo el año las procesiones de Alcantarilla.

 

Las calles se adornan con carteles y banderas, con sillas y cordeles que marcan el trozo reservado para cada familia. De múltiples colores se llenan los escaparates, unos con los capuchones de las diferentes cofradías, otros con capas y cíngulos, más arriba los caramelos dibujan olas de colores, de limón, fresa y menta que serán repartidos como premio a la perseverancia de los visitantes; y más abajo, pequeños tronos de barro, madera y pan  intentan representar la Pasión de Cristo en miniatura adornando el paseo procesional.

 

El aroma a flores frescas descubre la llegada de la primavera, que con los colores vivos de los jóvenes brotes, dibujan un mundo de luces de colores sobre los tronos ensalzados de belleza inusual.

 

Pero tras esta ventana de alegría, la familia sanjuanista llorará con la mirada gacha, igual que el Viernes Santo. Buscara entre el crujir de las varas, en silencio, liberar la carga de su penar; resarcirse del dolor que le provocan las lágrimas que le ha dejado la herida abierta por la pérdida de un alma sanjuanista.

 

Que en silencio, calladamente, sin hacer ruido, vino de su pueblo del corazón de una sanjuanista enamorado, y con el mismo silencio decidió volver a marcharse dejando tras de si una familia entristecida, solitaria y dolorida, y aquí un amigo.

 

Por eso amigo Rebollo cuando hables con San Juan y converséis sobre nosotros, dile que me debes un adiós, un hasta luego, que te fuiste sin despedirte de los amigos. Dile que nos volveremos a ver algún día, pero mientras tanto explícale que te queremos sentir aquí y que cuando de nuestros corazones salga el grito que nos da la vida, tu también contestes ¡VIVA!

 

Y al llegar el Domingo de Ramos, ¡ve!, busca en el arcón, desempolva todas tus galas y manda tu almohadilla de nubes blancas, que yo la ataré en tu vara. Sopla con el viento de la mañana y esparce tus cenizas sobre nuestras capas, llena nuestros corazones de sinrazón que nos anime a llevar al apóstol tras la borriquilla parda, que subamos cuestas, que nos enseñe a bajar la mirada altiva y subamos las empinadas calles de la vida con la esperanza de vivir el ayer, el hoy y el mañana, con el verdadero corazón sanjuanista.

 

Ramón Montaño Yuste

Directivo de la Hermandad

de San Juan Evangelista