XXI CARTA ABIERTA A SAN JUAN

 

¡Qué tal amigo Juan!, un año mas es carnaval, un año desde la última misiva. Se que no tengo excusa ni pretexto, pero has de saber que desde el Viernes Santo que nos despedimos, y justo comenzando a marchitar las orquídeas que luciste, comenzó para nosotros los sanjuanistas el carnaval.

       Debe ser, eso del cambio climático que a todos nos lleva un poco locos, y que al mismo tiempo tantas cosas justifica; y ocurrió, que uno cogió la mascara de carnaval, y ocultando su rostro y engalanado con túnica blanca, pregonó fuera y dentro de tu casa, que Tú eras él.

 

       Llamó amigo, a quien nunca fue ni conocido, iba a tu casa y queriendo ser tú, pedía justicia celestial, para después en la calle gritar rebelión. Acaudillo su ejercito personal; dos, tres, cuatro,… hasta diez pude llegar a contar,  los armó con caretas de carnaval y les propuso guerra donde había paz, una guerra donde él no podía figurar, pues debía guardar las formas, para estar por encima del bien y del mal.

       Su ambición le traicionó, su ejercito le abandonó cuando descubrió que tras la mascara no estabas Tú, le abandonó cuando entendió que no puede ser todo el año carnaval, que no se puede celebrar el 27 de diciembre, tu onomástica, con Don Carnal.

       Pero de todo se aprende amigo Juan, y aprendimos del carnavalesco conocido que, Carnaval es fingir lo que no se es, fingir es simular o aparentar, y aparentar, manifestar o dar a entender lo que no es o no hay; por el contrario sanjuanista es sentir lo que se es, sin simular o aparentar, si se vierten lágrimas es por que un sanjuanista llora, si oculta su cara es para rendir anónimo y silente tributo  que solo encuentra recompensa en la majestuosidad que despliegas en las calles de Alcantarilla.

 

       Pero aún a pesar de todo Juan, esperamos la vuelta del ido, para cual hijo pródigo, ser acogido con la generosidad cristiana de la familia sanjuanista, que no entiende de vencedores ni vencidos. Señálalo Juan, y guíale en el camino de regreso por esa senda blanca que nunca debió abandonar.

       Susúrrale  bajito, y dile que grandes pilares de la iglesia negaron al maestro, y en su negación encontraron su penitencia, y su penitencia les convirtió de los principios cristianos en los más aguerridos defensores, a la postre por todos aclamados.

       Dile que solo hay un color, el blanco; una pasión, el sanjuanismo; un recuerdo, los sanjuanistas caídos; un momento, tu salida Jueves Santo; un dolor, tu partida Viernes Santo …

       Y al final, un símbolo hecho voz ¡¡HERMANOS VIVA SAN JUAN!!         
                             

Fdo. A.M.Alburquerque