ESTABA ESCRITO, LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN

 

Zacarías 9  9-10:

 

9 ¡Exulta sin freno, Sión,

grita de alegría, Jerusalén!

Que viene a ti tu rey:

Justo y victorioso,

Humilde y montado en un asno,

En una cría de asna

10  Suprimirá los carros de Efraín

Y los caballos de Jerusalén;

Será suprimido el arco de guerra,

Y él proclamará la paz a las naciones.

Su dominio alcanzará de mar a mar,

Desde el Río al confín de la tierra.

 

Tras dar lectura a este texto se me vino a la cabeza; parte de esto lo he leído en otro lugar; de una forma, fiel reflejo de los escritos de Zacarías y otros  sucesos que relatan simplemente la vida de Jesús.

 

Efectivamente, si leemos a los evangelistas, vemos que todos escriben sobre la llegada Mesiánica, todos relatan los hechos que años atrás se anunciaban como profecías, anuncios que Dios ponía en la palabra de los profetas, preparando la llegada del Salvador. Con el tiempo  se fueron haciendo realidad paso a paso, todos y cada uno de los hechos. EN ese momento de la lectura me pregunté, los fieles mensajeros de Dios, ¿fueron simplemente transcriptores de las palabras de los profetas?, o continuadores de la historia que estaba escrita de puño y letra del Todo Poderoso en la mano de los profetas.

 

Cuando Zacarías anunció la entrada Mesiánica en Jerusalén, anunció la forma sencilla, la bondad y sencillez con que Dios les haría llegar a su hijo, un camino lleno de amor, paz y humildad, para lo que dejó a un lado las grandezas de los reyes, las riquezas de los señores, la avaricia, la codicia, y sobre todo el orgullo y el protagonismo que podía haber alcanzado quien era considerado el verdadero rey de Judea.

 

San Mateo en su Evangelio habla sobre la entrada Mesiánica en Jerusalén, y explica como Jesús envía a dos de sus discípulos en busca de la asna y el pollino que estaban atados a la entrada de la ciudad y los discípulos la soltaron, ante el asombro de los vecinos y dueños, a los que les transmitieron las palabras que Jesús les indicó, “el Señor los necesita, pero enseguida los devolverá”, pusieron sobre ella sus mantos. Al entrar en la ciudad de Jerusalén la gente decía: este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea. No buscaron un corcel blanco, no fueron paños de oro, carros de fuego que fuesen dignas señales del hijo de Dios.

 

San Lucas y San Marcos, al igual que San Mateo y el profeta Zacarías, anuncian la entrada en Jerusalén sobre los lomos del pollino, pero estos dos evangelistas añaden que el pollino que trajeran los apóstoles a la presencia de Jesús debía de ser un pollino que no había sido montado aún por ningún hombre, en señal de pureza.

 

Todos hablan de lo mismo y sobre lo mismo, solamente pequeñas matizaciones hacen diferentes los textos del profeta, de la de los tres evangelistas.

 

Pero el evangelista más joven, el cuarto, el que vivió los últimos días de la vida de Jesús a su lado, el apóstol Juan, plasma sobre la Bíblia lo que podríamos decir la parte humana de ese momento, el encuentro de Jesús con su pueblo, y la aparición de un pollino en la escena de su entrada triunfal.

 

Fue sin duda San Juan como discípulo más cercano a Jesús, el que nos hace una descripción diferente a la de los otros tres evangelistas; aunque coincide con ellos que Jesús haría su entrada en la ciudad de Jerusalén, como anunciase el profeta Zacarías, sobre los lomos de un pollino. San Juan relata la llegada del Mesías, como el encuentro de Jesús con la muchedumbre que sale a recibirle, Es el pueblo de Jerusalén quien deseoso de su Mesías no duda en buscarlo a las afueras de la muralla, al grito: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, y el rey de Israel!

 

Como se puede apreciar, San Juan narra la llegada de Jesús a Jerusalén de forma diferente al resto de evangelistas porque su vivencia lo hizo diferente, los hebreos de Jerusalén saben que el Mesías viene, que está a las afueras de la ciudad y salen al camino a recibirle con ramas de olivo y palmas; entre el alborozo y la alegría de la llegada, se produce el encuentro casual con el animal, el pollino, que es utilizado por Jesús para llegar al interior de la ciudad, cumpliéndose de este modo la profecía de Zacarías.

 

“Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito:”

 

14 No temas, hija de Sión;

mira que viene tu rey

montado en un pollino de asna.

 

Y esto no lo comprendieron los discípulos en un principio y fue más tarde, mientras fue glorificado cuando cayeron que estaba escrita la profecía.

 

San Juan lo expresó de este modo, no porque se lo contasen sino porque vivió junto a Jesús, y a su lado pudo disfrutar de ese momento tan sencillo como fue la llegada del Mesías a la ciudad santa de Jerusalén.

Ramón Montaño Yuste