ACTO DE PROCLAMACIÓN

NAZARENA MAYOR 2006-07

 

Buenos Días, Señoras y Señores, en primer lugar, darles las gracias por estar aquí hoy, acompañándonos en este incomparable marco, bajo la mirada protectora del joven apóstol Juan y compartir un momento tan emotivo para nosotros, como es el Nombramiento de la Nazarena Mayor de la Hermandad de San Juan Evangelista.

Todos ustedes saben lo que representa este nombramiento para nuestra Hermandad y para la Semana Santa de Alcantarilla, sobre todo porque significó el reconocimiento al trabajo desinteresado de la mujer a la Semana Santa de Alcantarilla.

Ya que sin ellas, la Semana Santa no habría alcanzado la importancia y la relevancia que ha ido adquiriendo con el paso de los años.

Es en este momento y antes de continuar cuando debo de leer una pequeña biografía de nuestra Homenajeada, Nazarena Mayor para la Semanas Santas 2006-2007, María Dolores Riquelme Guzmán.

BIOGRAFÍA:

María Dolores, nació en Alcantarilla a finales de los cincuenta, en un frío mes de noviembre, cuando el otoño dejaba ver las hojarascas marchitas en un rincón de la huerta de Alcantarilla.

Sus padres Antonio Riquelme Cascales y Carmen Guzmán Caballero la vieron crecer entre naranjos y limoneros su casa en la Torrica.

Inició sus estudios primarios en el Colegio San José de Calasanz, que por aquel entonces se encontraba en la calle Ramón y Cajal, cerca donde ella vivía.

Continuó sus estudios de enseñanza secundaria en el Instituto “Francisco Salzillo”. Estudios que fue compaginando con los estudios de Danza clásica en la Escuela de Arte Dramático y Danza de Murcia, despertando en ella su verdadera vocación profesional y que completo realizando estudios superiores de Danza en Madrid y Barcelona.

Desde los 26 años dirige la escuela de danza que lleva su nombre, en Alcantarilla, dedicando la mayor parte de su vida, a la formación y educación musical.

En 1981 contrajo matrimonio con Salvador Sandoval Gálvez, hermano sanjuanista que desfiló con San Juan hasta la década de los noventa. Fruto de este matrimonio son sus dos hijas mellizas, María Dolores y Carmen María.

Marí Loli, como la conocen sus alumnas y alumnos, es una verdadera amante de las tradiciones culturales y religiosas de nuestra región, y fiel seguidora de la Semana Santa de Alcantarilla.

Vistió su primera túnica nazarena de la Hermandad de San Juan Evangelista cuando apenas contaba con catorce o quince años.

Es colaboradora de AFADE, (Asociación contra el Alzehimer), de la que es socia honorífica.

Pero su gran colaboración altruista, la realiza impartiendo clases de Danza y psícomotricidad en el Colegio de Educación Especial Eusebio Martínez de esta localidad, labor que realiza desde hace nueve años en aras de la integración social del disminuido físico y psíquico, trabajo que llena de satisfacción y orgullo a ella y a toda su familia.

Este trabajo y la colaboración de su Academia de baile con el Centro Eusebio Martínez, ha sido reconocido por la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad Autónoma de Murcia con la entrega de una mención honorífica.


          Como verán son buenas credenciales las que presenta María Dolores, por su labor y su trabajo desinteresado hacia los colectivos más necesitados de nuestra querida villa de Alcantarilla.

Y por esta razón, cuando mi amigo Antonio Martínez Alburquerque pidió que fueran los que hoy estamos aquí, los que se encargasen de preparar el Acto, y a mi se me encargó precisamente este punto del acto, se me vino el mundo encima, pues esta responsabilidad ha sido siempre para esas personas que se suele decir tienen buena pluma para escribir maravillas sobre nuestra homenajeada.

Pero que le vamos a hacer no tenía escapatoria, comencé a pensar como organizar todo esto y cuando estaba pensando en ello, se acercó mi hija y me preguntó: ¿cómo vas papá?, ¿que has escrito?, ¿has terminado ya?, ¿de qué vas a hablar?

Fue ese momento en el que te das cuenta de lo complicado que era, como bien acabo de decir. La cruel realidad se hizo presente en mi cabeza y empecé a preocuparme, la verdad es que no tenía casi nada preparado pero comencé a pensar como podría iniciar mi intervención y me puse a escribir.

“La primavera,

con la llegada de la Semana Santa,

llena de flores y dulces aromas

los pequeños rincones de la huerta de Alcantarilla.

La rueda medieval,

con sus cangilones en hilera

cual nazarenos sanjuanistas,

eleva el agua de la acequia

que recorre el antiguo puentecillo de la villa,

para llevarla a la huerta

y regar los naranjos cargados de azahar y aroma fresca”.

No está mal, pensé, busque a mi hija y se lo leí, ¿Que opinas? Le pregunté. Suena bien verdad, ¿por qué pones esa cara? ya veo que no te termina de convencer, te sucede lo mismo que a mí, no es lo que me gustaría que dijeran en un acto como este, este no es el sitio, ni el momento y además seguro que a la persona a la que se homenajea, si le hablara de danzas, bailes y música le gustaría más que oír hablar de la rueda, de azahar, de cangilones, en fin continuaré escribiendo le dije.

De todas formas, creo que podría comenzar así mi disertación y adornar de flores, colores y aromas mis palabras, palabras ornamentadas, que acompañadas de la riqueza y belleza de la lengua española hacen que suenen de forma melodiosa al oído.

Quizá demasiado huertano, debo de quitarle un poco de carga, podría comenzar diciendo:

”la luz del día despierta al alba,

para despedir a la luna blanca

que alumbra el camino de los penitentes sanjuanistas.

Los reflejos del amanecer

hacen brillar tonos de oro y plata

sobre los ramos de azahar

que llenan de dulce aroma a caramelos

las casas de la huerta murciana”.

 Esto no está mal, pero ¿que piensas?, ¿porque retuerces la mirada?, ¿que sucede?, no me lo digas, no te gusta. No refleja el verdadero sentimiento nazareno, ni el espíritu del portapasos que mientras lleva la pesada carga de flores y luces se siente reconfortado por el cariño hacia nuestro apóstol Juan.

En fin, mala consejera me he echado yo para este trabajo, empezaré de nuevo, me dejaré de adornos y florituras y escribiré lo que siento, lo que realmente me sobrepasa, la realidad de la vida nazarena, ese sentimiento que me llena cada Semana Santa y cada año dibuja en mi corazón una nueva ilusión, la alegría que me produce sentirme nazareno.

Así que me puse de nuevo delante del ordenador María Dolores, y comencé a plasmar en el papel los sentimientos que me gustaría que al término de este acto te llevases en tu corazón, el verdadero espíritu del nazareno sanjuanista.

Me gustaría poder plasmar en estas líneas lo que realmente nota el costalero cuando fija con imperdibles el escudo con el águila sobre su pecho, lo que siente el nazareno cuando cuelga el escapulario en su pecho cada Domingo de Ramos, Jueves o Viernes Santo.

Poder llenar tu alma limpia, de modo que sientas el redoblar de tu corazón bajo el Escapulario Sanjuanista.

Porque nuestra meta es que hoy se convierta en un día importante de tu vida ya que se te va a hacer entrega de las distinciones más apreciadas por los miembros de esta Hermandad.

Un diploma que dejará constancia escrita de tu nombramiento como Nazarena Mayor de la Hermandad y un Escapulario, verdadero símbolo del espíritu sanjuanista.

Símbolo que ha de representar en tu vida la ilusión del nazareno sanjuanista, para que al retirar de tu pecho el escapulario, lo acerques a tu corazón y antes de guardarlo esta noche, lo acunes con el cariño de la madre que duerme a un hijo y se genere en ti el deseo, la ilusión, la esperanza de volver a colgar en tu pecho este Escapulario blanco, bordado en grana y oro, para acompañar al joven apóstol Juan la noche de Viernes Santo.

Que cuando camines en silencio, sobre tus mejillas se refleje la luz de los faroles que guían el trono sanjuanista y se deposite el perfume de las flores que impregnan de multitud de aromas la noche nazarena.

Que la noche de Jueves Santo, cuando a los lejos veas asomar las filas de capuchones rojos, con los faroles encendidos, anunciando la llegada de San Juan, tu pecho comience a sentir el ansia de buscar con la mirada el lecho de rosas rojas que sirven de alfombra perfumada al joven apóstol, para decirle al oído, mañana iré contigo, en silencio, meditando, viendo el sufrir gratificante de los portapasos que llevaré delante.

Y en esos instantes cuando camines con tú cabeza erguida y la mirada perdida en el vaivén infinito del dorado trono, piensa en la época de tus catorce o quince años, aquellos años de tierna juventud en los que cubriste por primera vez tu rostro con un capuz rojo, y con el farol de tu ilusión indicaste el camino penitente a la madre dolorida.

Busca esos primeros instantes, que la juventud genera. Piensa en las dudas que esa edad crea y comprenderás por qué, te digo todo esto. Porque cuando llegues a casa con los ojos encandilados y tus hijas te digan, mamá que cosas tan bonitas te han dicho. Hablaba de flores, de aromas, de luces y mil cosas más, pero ¿qué quería decir cuando hablaba de cangilones?, ¿por qué tiene tanta importancia el Escapulario?, ¿Qué tiene que ver todo eso contigo y con la Semana Santa? ¿qué significaba todo eso?. Puedas explicarle que significa ser Nazarena Mayor de San Juan.

Saber explicarle la sensación que se siente cuando se deposita sobre tu pecho el águila dorada de los evangelios, marca del nazareno sanjuanista.

Y por eso lo primero que debo hacerte comprender es que tu corazón debe ser el lugar donde cualquier sanjuanista sepa identificar el amor rebelde de nuestro San Juan, el lugar donde cada penitente encuentre un hombro donde descansar, donde cada portapasos sienta el verdadero cariño de la persona que le ayudará a atar su almohadilla cada Jueves y Viernes Santo.

Que comprendas que a partir de hoy serás el ejemplo a seguir de las madres sanjuanistas, de esas incansables eternas nazarenas, que desfilan año tras año sin salir de casa, pasean incansables desde el arcón a la sala, para preparar la túnica de su hijo o de su marido, para que pueda acompañarte y no desfiles sola la noche de Viernes Santo.

Porque el trabajo de estas mujeres es el que nuestra Hermandad ha querido siempre premiar, y hacer que todas se sientan identificadas con la mujer nazarena que cada dos años traemos hasta este escenario.

Para que vivas desde tu interior como madre, esposa y amiga, las sensaciones tan dulces que disfrutaron las catorce Nazarenas antes que tú, catorce mujeres que entraron de la forma más humilde y salieron con su corazón roto por el amor al Apóstol Juan.

Treinta años hace que mujeres como Joaquina, Carmita, Asunción, Josefina, María, Mercedes Forca, Finita, Dolores Sandoval, Dolores Martínez, Paquita, Mariola, Pepa, Angelita, y Mercedes Jiménez recibieron con orgullo esta distinción que hoy se te va ha hacer entrega.

Seguro que las conoces, a que sí, algunas están aquí acompañándote, otras no han podido pero sabemos que siempre estarán con nosotros y aquellas que faltan, estamos seguros que nos mirarán sentadas en algún lugar junto al Apóstol Juan.

Hoy eres tú la siguiente que entrarás a formar parte de esa familia y tras de ti otras vendrán que recordarán este día, que ocuparán ese asiento y continuarán con la tradición sanjuanista.

Me gustaría que durante estos dos años, comprendas y sepas que ser sanjuanista es algo distinto a ser un simple nazareno, un portapasos blanco. Es saber compartir con la gran familia nazarena ese instante hasta que vemos salir a la calle el trono de San Juan. Esperarlo a la puerta de San Pedro, acompañarlo por los callejones, buscar la mirada de los cansados nazarenos, al agotado portapasos que al alcanzar la siguiente esquina encuentra la sonrisa de su pareja con una mirada cómplice que le reconforta y le proporciona la tranquilidad del trabajo realizado.

Mira, observa cuando estamos en la carrera, como existen infinidad de almas que desfilan paralelas, por las aceras, en compañía y a solas, con niños y sin ellos, aparecen por las esquinas, observa y veras a las mujeres nazarenas, las infinitas peregrinas de la Semana Santa Alcantarillera.

Cuando llegamos a la cuesta de las monjas, hacemos la ultima parada en su puerta, donde todas rezando esperan de pie en el portal ver pasar al joven apóstol resplandeciente, ajustamos las almohadillas, respiramos, rezamos en silencio colocamos el hombro sobre la vara recia, un golpe de campana hace que crujan las almas, un paso adelante, una mirada serena nos dice que san Juan va adelante, sube la empinada cuesta, los nazarenos cansados en lo alto esperan con la mirada atenta, las varas se retuercen, gritan en el silencio de la noche, y en lo más alto siempre hay una esposa, una madre, una hija que mientras te mira, te ayuda a sobrellevar la pesada carga nazarena, al grito de “Hermanos, viva San Juan”.

 

Ramón Montaño Yuste