XVI CARTA ABIERTA A MI AMIGO JUAN
 

 

            ¡ Que tal ! Amigo Juan, un año más visto mi humilde pluma de primavera en navidad.         
 

         Como ya sabrás, tras la última Semana Santa, es comidilla general, el declive que de procesionistas sufre el Jueves y Viernes Santo, declive que evidentemente provoca teorías de eruditos “semanasanteros”, y entre ellas, alcanza el mayor número de apoyos, aquella que defiende, que la Semana Santa es cíclica, y que estamos en el ciclo bajo, es decir, es como si yo afirmara que, mi San Juan es hoy menos San Juan que ayer, pero más que mañana.


            Lo siento, pero me niego a engrosar el grupo de aquellos que teorizan como si de una cuestión económica se tratara, como si el espíritu del nazareno en la Semana Santa, estuviera condicionado por la inflación o el incremento del precio del barril de petróleo.


            Permíteme Juan que te cuente mi teoría, aunque para ello tenga que remontarme en el tiempo. Sabes que siempre afirmo que a mí, hace 36 junios me parieron sanjuanista, cosa que no me hace ni mejor ni peor que nadie, pero tal vez sí me hace distinto, y me permite ver lo que otros mirando no ven.


            Mi MADRE, (una madre como la de cualquier otro, pero mía); me enseñó a leer y a sumar, en aquella humilde cocina-estar que cada día añoro más, y además, me trasmitió un profundo respeto por tí amigo Juan; respeto tal, que casi tuvo que arrepentirse de ello, cuando aquel Viernes Santo de hace unos 30 años, TÚ flanqueado por una treintena de nazarenos, y un niño que aún conserva la cruz que coronaba su pequeño cetro y los escapularios que sus hombros portaban, a la altura del “ALCAZAR” alcantarillero, sufriste un parón obligado, rompió el eje del carro del YACENTE, lloró el cielo de tal forma que nadie supo si el llanto caía o si por contrario subía, las túnicas blancas de rojo se tiñeron. Llegó mi madre, durante una larga hora intentó a su amparo en el alcázar resguardarme, y como respuesta una y otra vez, sólo encontró, “Mamá es una procesión, y de aquí no me muevo yo”.


            ¿Tú crees amigo Juan, que algún nazareno de los que allí estuvo más erguido que nunca, faltaría un Jueves o Viernes Santo?; ¿no será que los valores que trasmiten los “recién llegados” no son los adecuados, aún cuando a nuestros hijos llevamos a escuelas “de pago”?.


            Si de algo sirve, ahí queda mi breve opinión, y permíteme Juan que añada a la historia, como homenaje a los que allí te procesionaban, lo que bajo aquel diluvio faltó, y faltó un alma blanca que diera como no, la voz de .... ¡HERMANOS, VIVA SAN JUAN!.     

Antonio Martínez Alburquerque

 

MOMENTOS

           

          

  I.- La puerta huele a cera y azahar, gargantas ansiosas notan la sequedad, decenas de almas advierten que ya esta, avanza el
      caído, despliega el águila sus alas y llega el ungido.

            La puerta huele a cera y azahar, la plaza siempre igual, pensando como saldrá.

Dame un año más como único pensamiento, que convierte en susurro voces que al amparo del tintineo de lágrimas de
      cristal, afirman: ves como es especial. Mira, yo no se que tiene, pero yo... YO SOY DE SAN JUAN

 

  

  II.- Se rompe la procesión, los nazarenos aceleran su paso dejándolo atrás, y el los deja alejar; mientras muestra su
       consideración a la Congregación del Sagrado Corazón; ningún hombro blanco mira hacia atrás, se agrupan capirotes donde
       pierden la visión de su titular.

Es el momento, una mirada de satisfecha complicidad de túnicas blancas, una encomienda al cielo, un toque de campana,
       crujir de madera, el símbolo sanjuanista hecho voz y cuesta que hecha calvario se rinde a los pies de quienes tus
       PORTAPASOS son.


 

III.- Una plaza vacía, San Juan por la calle Mayor en la lejanía.

Una parada obligada, el lugar donde muchos años fue su morada.

   Una marea de almas, aliento de hombros que avistan un año más la llegada.

        Una plaza llena, mi sanjuanista, San Juan señala su salida ahora entrada.

Una mirada al cielo, y “la levantá” a la voz de, HERMANOS, ¡VIVA SAN JUAN!

 

A.M. Alburquerque