IX CARTA ABIERTA A SAN JUAN

¡ Que tal amigo JUAN!

            Sin duda, poder dirigirme a ti, es un honor y un privilegio, del que goza mi humilde pluma, y que me permite revivir la Semana Santa en fechas de nacimiento, adoración, magia y adornos navideños.

            La verdad es que en esta ocasión, inicio esta misiva con el animo de enfrentarme a un reto que no se si seré capaz de superar, pues pretendo dar contenido al concepto de SANJUANISTA.

            Imagino que convendrán mis hermanos en la pasión blanca al volver la vista atrás, que cuando uno tiene la fortuna de ser alumbrado sanjuanista, durante la primera década sanjuanismo es, la satisfacción materna hecha puntadas de amor trasnochado sobre raso blanco y rojo.

            Durante la segunda década, el sanjuanismo comienza a ser exigente y símbolo de compromiso primaveral, donde se cubren pensamientos, enmudecen expresiones y se portan luminarias.

            La tercera década, el sanjuanismo es dependencia, los años son, los días que median entre dos Jueves Santo, el 27 de diciembre abandona su anonimato y un redoble de tambor evoca bellos erizados y acelerado corazón.

            La cuarta, el sanjuanismo, ya ha forjado leyendas individuales que se comparten en tertulias pasionales en cualquier época del año, la admiración blanca ha impregnado a cónyuges e íntimos, y se vislumbran frutos de pasión terrenal herederos de águilas y escapularios.

            Uno, ya inmerso en el ocaso de esta última, y con el simple aval de haber vivido llantos celestiales que tornaron capas blancas de rojo carmesí, manos que perdieron sus señas de identidad, fiebres que acompañaban el procesionar, flores que se rendían ante tu luz y luces que no podían hacerte brillar; llantos de portapasos que no te podían portar y cuestas donde ellos te hacían volar.

Unido a la miseria espiritual de algunas almas que tu grandeza no saben apreciar, pero como dijo Martínez “Pobre de aquel sanjuanista que al mirarte nada ve, pobre de aquel que sintiendo nada siente, pobre de aquel que aún portándote no te sustenta, pobre, pobre de aquel.”

Yo, que creía haberlo visto todo, y dado contenido al concepto de sanjuanista, no puedo sino reconocer mi error, pues por primera vez sentí envidia de un blanco portapasos que sigiloso ocupó su lugar, cada “levantá” era la imagen viva del dolor, como único bastón, su tesón, un padre orgulloso, y la cálida voz de una madre preguntando ¿cómo estas corazón?; hermanos como el portapasos Barajas son los que al sanjuanismo dan su auténtica dimensión, sentí envidia de quien me hizo comprender como un sanjuanista es capaz de conjugar a la vez, penitencia y pasión.

             Y como siempre amigo Juan, advierte a los que partieron que han de poner presta su voz, que no olvidamos a quienes nos legaron blanca pasión, que necesitamos de su presencia, adviérteles que nos has visto penar, tan solo al pensar que puede quedar sin su replica, la voz de ... HERMANOS, VIVA SAN JUAN. 

A.M. ALBURQUERQUE