V CARTA ABIERTA A MI AMIGO JUAN

    La verdad es que, este año comienzo como suelo terminar, y suelo terminar con el recuerdo de aquellos que en el seno de nuestra madre celestial deben ya de andar preparando la próxima Semana Santa, semana que supongo especial por cuanto que este año contarás con la sensibilidad siempre en nuestra mente emocionada de nuestra nazarena Mari, con la fuerza del portapasos Carrasco al que nunca se le escuchó una queja, y que siempre palió el sufrimiento de su hombro con el viva apagado pero siempre audible; y como no, con tu último llamado a filas, nuestro hermano Serafín, al que nadie puede recordar sino diciendo aquello de "va bonito, bonito...".

    Espero, que junto a los anteriores, la nutrida corte de sanjuanistas que a tu regazo ya llamaste, impida más merma de nuestras filas y que los llamados sean fuente de inspiración de aquellos que sus puestos ocupan, aún cuando su sitio sigue vacante, pues aunque nadie es imprescindible, la falta de un sanjuanista de la estirpe de los mencionados, es un vacío en el alma que nunca encuentra sustituto.

    Dicen que es de bien nacidos ser agradecidos, y para honra de quien amamantó, no quiero dejar pasar la oportunidad de en el cincuentenario de la hermandad que cada Semana Santa te rinde público culto, convertir mi humilde pluma en ofrenda agradecida a aquellos hombres y mujeres que hace 50 años cultivaron la semilla del espíritu de todo sanjuanista alcantarillero, aquellos que en su mayoría descansan en paz y que fueron pilar del sanjuanismo de nuestra villa.

    Cincuentenarios fundadores a los que hemos pretendido dar un simbólico relevo, relevo que se produjo el 27 de diciembre pasado con la presentación de esos jóvenes valores sanjuanistas llamados a ser rebrote de esos cincuentones en la pasión blanca, dentro de cinco décadas.

    La sencillez y emotividad, bajo tu presidencia adornaron un acto rebosante de la juventud que tus textos y hechos proclaman, acto donde se echó de menos la ausencia obligada de las lágrimas de abuelos en el más allá, y donde el alma de padre era hecha jirones cuando las voces de los retoños rompieron el silencio de la capilla de nuestro titular al grito de

¡¡¡HERMANOS, VIVA SAN JUAN!!!

    P.D. Es cierto, que el párrafo anterior suponía el fin del escrito de este año, y como tantos años atrás, al escribiente le parece que el grito que vierte como culminación de su escrito, es un grito robado, es decir, es un grito que refleja un hecho real como fue el antes brevemente descrito de la presentación de los mancebos sanjuanistas, por ello te ruego amigo Juan que me permitas una licencia; henchir mi pecho de aire, mirar al cielo avisando a los que ya partieron, hacer mía sus gargantas y con mi alma, con razón o sin ella, ofrendarte mi devoción a la voz de

¡HERMANOS, VIVA SAN JUAN!

Antonio Martínez Alburquerque