LOS TAMBORES DE SAN JUAN

Llega el Domingo de Ramos,
los niños preparan sus túnicas
de hebreos, de la Virgen y de San Juan

Unos llevan la palma,
otros prefieren las ramas de olivo
o el cetro de la Hermandad,
pero todos están dispuestos
para desfilar con San Juan

Las ramas de olivo,
y las palmas,
se agitan sin cesar.

Los nazarenos se preparan
pues este año no es igual
cumple cincuenta años,
cincuenta cumple San Juan,
tiene sucio el rostro
pero su belleza no tapará.

Los tambores redoblan al atardecer,
las trompetas lo anuncian desfilar,
los Heraldos sanjuanistas,
tocan y tocan una vez más.

Las ramas de olivo,
y las palmas
se agitan sin cesar.

La gente sale a la puerta,
a los balcones se asoman ya,
por la esquina se oyen los tambores,
por la calle va a entrar.
¿Son los Heraldos que suenan?,
¡no!, los Heraldos pasaron ya,
anunciando a la borriquilla
a la Virgen y a San Juan;
estos son los tambores,
que marcan el paso
a los portapasos de San Juan.

Las ramas de olivo,
y las palmas
se agitan sin cesar.

Se mimbrean las ventanas,
los corazones en el pecho
no dejan de retumbar,
por el ruido que producen
o por la emoción quizás.

Ya llega, ¡pero si echa el paso atrás!
¡mira!, retranquea San Juan,
¡no comprendo nada! ¿qué pasa?,

es la Virgen de las Lágrimas
que se adelanta para entrar
a la calle Mayor, engalanada,
bajo la atenta mirada de San Juan.

Las ramas de olivo,
y las palmas,
se agitan sin cesar.

Ha pasado la Virgen,
los nazarenos se han cruzado ya,
las presidencias se han intercalado
y los estandartes se colocan a la par.

Se vuelve a parar la Virgen,
San Juan comienza a andar
la pasa por el lado izquierdo
para el camino poderle indicar.

Todo es diferente,
pero que bonito está,
San Juan anda tres pasos
y la Virgen otros tres da.

San Juan toca su campana
y los dos se vuelven a parar,
toca la campana de nuevo,
y los dos vuelven a andar.

Las ramas de olivo,
y las palmas,
se agitan sin cesar.

Llegan a la plaza de la iglesia
la Virgen no deja de llorar,
se oyen más fuertes los vivas
a la Virgen y a San Juan,
les espera el Cristo sobre la borrica
en la puerta del altar
y San Juan entra primero
y la Virgen va detrás,
a rendir pleitesía al Mesías,
que el Jueves crucificarán.

Las ramas de olivo,
y las palmas,
se agitan sin cesar.

Se callan los tambores
suenan los Heraldos una vez más,
los portapasos agotados
vuelven a gritar
Viva la Virgen de las Lágrimas.
¡HERMANOS, VIVA SAN JUAN!

Ramón Montaño Yuste