CARTA ABIERTA A MIS HERMANOS SANJUANISTAS

    ¿Qué tal, hermanos?

    Desde hace algunos años, siempre igual, mi buen amigo y mejor sanjuanista Fulgencio tras de mi para que le haga llegar mi humilde artículo de la Semana Santa, y eso que me preavisó hace casi un mes, y yo como siempre agotado el tiempo hasta que llega la amenaza de "hoy o no se publica", y entonces a correr.

    Me siento ante el frío y blanco papel, detrás la Navidad, de fondo el sonido del carnaval gaditano, de frente la soledad de la noche y en mi mente el debate de como mi pluma puede ser expresión de esos cientos de corazones blancos que se aceleran cuando tu nombre rasga las noches de la Semana Santa.

    Dicen que mis escritos son emotivos porque son motor que acelera el pulso de los sanjuanistas que lo leen, y eso no es cierto.

    Toda la emotividad reside en su nombre, si yo no lo pronunciara dibujándolo en el papel, no existiría emoción alguna, sin embargo si yo escribo San Juan, estoy obligando a mis hermanos a recordar, y sin duda recuerdan la majestuosidad de su esbelta figura en el pórtico eclesiástico el Jueves Santo pasado, tu caminar pausado sobre hombros doloridos ansiosos de portarte un año más, y como no, los guiños de complicidad de sanjuanistas satisfechos cuando el Viernes le alojan en su morada quedando a la espera de la próxima primavera.

    ¿Veis?, ahí reside la emotividad, en su nombre, decir San Juan, es aferrarse al pasado Jueves y Viernes Santo, ansiando el porvenir donde 60 portapasos y 120 penitentes rendirán pleitesía con un solo alma encogida al oír tu nombre amigo Juan.

    Escribir de mi amigo el Evangelista, es como trasladar la magia de la noche del Bautista la Semana de Pasión, donde el fuego de las hogueras se instala en el corazón de los sanjuanistas y donde la magia perturba mentes que mirando al cielo sufren si una nube lejana amenaza con llorar en viernes, es esa misma magia que convierte familias completas al sanjuanismo y donde la palabra hermano alcanza su máxima expresión.

    Desde luego no voy a intentar convencer a nadie de que lazos de sangre puedan sustituirse por lazos de hermandad sanjuanista, pero se aproxima y supongo que como todo tan solo es cuestión de tiempo, y en cualquier caso, nadie puede evitar la satisfacción de mi alma cuando mi mujer de vuelta del mercado me dice, "esta fruta la manda tu hermano", o cuando el cruce de saludos entre sanjuanistas se convierte en anónimo con un, "¿cómo estás hermano?".

    ¿Pero sabéis cual es la mayor manifestación de esa magia que envuelve el Blanco de Pasión?, pues es, saber que el dinero no puede comprar ni la satisfacción, ni la sensación de ser "Hermano Blanco", y ahí reside la auténtica magia, el dinero podrá comprar un sitio a codazos entre Blancos, Azules o Coloraos, pero jamás servirá ni para comprar un pasado sanjuanista, ni para imitar las lágrimas de aquel ante su patrón, porque ya de todos es conocido que el sanjuanismo no se hace, sino que se nace.

    Y nacieron sanjuanistas, todos aquellos que Jueves y Viernes nos acompañan en la recogida, o aquellos que sienten que la procesión acaba cuando pasa San Juan, o esos otros que afirman "yo soy del San Pedro o del Yacente" para luego apostillar "y de San Juan".

    Pues todo eso y más, es ser Blanco en Alcantarilla en esos siete días pasionales cuando todos los Hermanos respiramos con un solo pulmón al que comenzaba a faltarle el oxigeno vital que año tras año acopiamos Jueves y Viernes Santo.

    La Falta de aire se hacía patente y alguien aportó la solución, el incansable Fulgencio, ese  que nació sanjuanista antes que la propia creación sentenció, "nos falta aire, pues cojámoslo, procesionemos a San Juan con la Entrada de Jesús en Jerusalén y que su Madre acompañe a nuestro titular". No va más, como si del grito de ¡a mi la legión! se tratara y desde hace más de un año ya un puñado de sanjuanistas se ponen a trabajar para este año, Domingo poder también respirar. Gracias hermanos, sé que a veces os sentís solos y sé que vuestro esfuerzo y desvelo va más allá de lo humano, aunque también sé que vuestra mejor recompensa la encontraréis el próximo Domingo de Ramos, cuando "La Borriquilla", San Juan y su madre la del Primer Dolor veáis ante vuestros ojos desfilar.

    Sirva hermanos el párrafo anterior como aliento de vuestro tesón, donde mi pluma escribe por todos y cada uno de los sanjuanistas que vuestro y nuestro proyecto proclaman con admiración.

    Y como siempre cuando llega el final, no puedo evitar el recuerdo de aquellos sanjuanistas de pro que ya partieron, de la madre que sanjuanista me parió, y que desde aquí le pido que en el más allá haga cual pregonero, anunciando que esta Semana Santa han de adelantar su viaje anual de Jueves a Domingo  de Ramos, y que como siempre han de traer sus gargantas prestas para mirando al cielo gritar.

¡¡¡¡HERMANOS, VIVA SAN JUAN!!!!

 

Antonio Martínez Alburquerque