CARTA ABIERTA A MI AMIGO JUAN

    Querido Amigo Juan:

    La Semana Santa anterior también tuve el honor de rasgar con mi escritura en este mismo lugar, por ello críticas mil, alguna que otra felicitación, y muchas miradas de silenciosa complicidad de Nazarenos con devota y particular pasión; cualquiera de estas manifestaciones en ningún caso lo eran por el manejo hábil, que nunca lo es, de mi pluma, si no por su uso sincero y ser tintero mi corazón. Mas Tú y yo sabemos que de ninguna otra forma puede ser, pues una cosa es ser nazareno y otra muy distinta ser  Nazareno Sanjuanista o del Yacente o del Primer Dolor, o de cualquier otra y respetada pasionaria condición.

    Ser Nazareno Sanjuanista, es ser portador de la eterna juventud que tus textos contienen, ¿y que es ser joven? Sino arrojo, tesón, arrogancia, pasión, desvelo de padres y sinrazón, pero además es inevitable y si no me creéis vestiros de blanco un Jueves o Viernes Santo y veréis; veréis a los "Jerarcas y Ancianos de la Hermandad", símbolo todos ellos de tacto y humildad como el Jueves que ves el oscuro al anochecer y a la voz de "Hermanos Viva San Juan" se invisten de una extraña juventud que ya no volverán a disfrutar hasta que Tú su titular, los vuelvas un Jueves a deslumbrar.

    Y mientras ese Jueves llega, alguna que otra cena de hermandad que solo sirve de alivio de penas, penas aliviadas cuando en la sobremesa, la voz de alguno de tus discípulos al grito de "Hermanos Viva San Juan", rasga la velada y nos sugiere recuerdo y ansia, recuerdo del Jueves pasado. Cabello erizado y mejillas humedecidas, ansia por el venidero, donde por más antigüedad que de blanco se ostente, vuelve a ser el primero, y como niño con zapatos nuevos damos gracias al cielo, y a quien en tu amor nos educó, mientras nuestra alma en ebullición con atropelladas palabras vuelve a repetir, Juan un año más por favor.

    Divino tesoro de juventud, que al amparo de blancas túnicas iguales nos hace, nadie mendiga y todos compartimos el manjar, manjar en forma de anónima satisfacción, que no precisa ser pintura inmortal como si de la compra de Bula Papal se tratara. Pero ya sabes Juan, nuestra Semana Santa a veces le falta fervor y le sobran golpes de pecho y algún que otro feudal señor, pues parafraseando a aquel <<Cada uno es como es y cada cual es cada quien>> y en nuestra Semana Santa nadie puede imaginar al Yacente desfilar sin señorío y exquisita seriedad, o al Primer Dolor sin su embriagadora esencia de mujer, y a Tí mi pasión con paso firme y jovial, señalando el camino para al final esperar a quien te dio el ser, rendirle pleitesía y terrenal caballerosidad. Acto este que un Jueves nació como sugerencia  de un portapasos anónimo como Tú llamado, nacimiento ampliamente censurado, por esos señores del medievo que luego  tras la numerosa acogida popular lo institucionalizaron. Bien sabes amigo Juan que el anonimato de quien ese encuentro propuso, es garante de que toda muestra de fervor Sanjuanista, nada conlleva salvo humilde devoción.

    Y así, satisfechos, te despedimos Viernes Santo, tras dos días de digna proclamación de juventud, con un desfile racial y apasionado, nunca irreverente, pies cansados, hombros doloridos y alma encogida, pues hasta la próxima primavera tan sólo consuelo y espera nos dan vida, espera ansiosa de volver a sentirte vivo, jovial y Sanjuanista, y el consuelo de si al divino llamamiento en el camino he de responder, saber que mi semilla y la de muchos más, esa primavera que ya no veré volverá a florecer.

    Y espero Juan ser por tí acogido, junto a aquellos que en la senda que conduce a tí y que jamás se vuelve a pisar me precedieron, y ahí, en el silencio que procura la lejanía del más allá, poderte procesionar con ellos como un Sanjuanista más, y mientras ese momento llega, para todos los que ya partieron (Rocío, Diego, Pedro,...) mi recuerdo y homenaje más emotivo y al que todos os conmino, Coged aire, mirad al cielo y gritad conmigo:  Hermanos  ¡VIVA SAN JUAN!

Antonio Martínez Alburquerque