APOLOGÍA SANJUANISTA

Querido Apóstol Juan.

    Que difícil es trasladar al papel la veneración que por ti siento, cuando uno es conocedor de las ilustres y eruditas plumas que una y otra vez han rasgado este mismo papel para tu mayor consideración, más amedrentarme no puedo pues sería como renunciar a ti, a ellos los doctos les asiste el arte y la razón, a mi, sentimientos y pasión.

    Sentimientos forjados año tras año junto a esa familia sanjuanista, en la que todos aportamos más defectos que virtudes, pero ante todo y sobre todo sanjuanista fervor. Pasión heredada, herencia no susceptible de división, pues por vía materna y al amparo del "Derecho floral Sanjuanista", la primogenitura ostenta tal condición.

    Dicen amigo Juan, que la edad serena comportamientos y sosiega almas, más nosotros sabemos que no siempre cierto es, y quien no lo crea que acuda a esa cita anual, donde cientos de almas con corazones anhelantes y vellos erizados, esperan ver tu altiva y majestuosa figura, y al verte no importa la edad, se desborda la pasión cuando al grito de ¡Viva San Juan!, aún quienes sanjuanistas no son, no pueden evitar que su acelerado corazón VIVA les obligue a gritar.

    Gritar viva, es algo más que sólo un vocear, es el afecto que al menos durante unos segundos, domina, perturba y confunde la razón, es el momento donde todos olvidamos raza sexo y condición. Más no es del todo cierto que todos olviden, pues mientras a la mayoría nos embargan los dictados del corazón, algunos, pocos gracias a Dios, dicen que gritar viva es impúdico, indecoroso, insultante, y no se cuantas "cariñosas" cosas más. Pues no señores, no, o acaso es impúdico gritar ¡Viva España!, o indecoroso ¡Viva el Rey!, o insultante ¡viva la madre que me parió!, tal vez señores en vez de hablar de impudicia, indecoro, o insulto, hablar deberíamos de ese, el primer pecado capital.

    Amigo Juan, la historia no destaca en ti virtudes milagrosas, más la tradición habrá de hacerlo, pues los que junto a ti largo camino llevamos andando damos fe; damos fe de aquellas personas para las que la Semana Santa durante años sólo significó descanso y relax, el azar a ti los acerco, y ahora son tan apasionados como el que más, les oyes hablar y nadie puede dudar que el rojo de su sangre, se transforma en "blanco" vital, son aquellos padres, cónyuges, y amigas que en la trastienda están, anónimos siempre, jugador número doce, y algunos ausentes ya, más por un día todos están, pues ningún Viernes Santo sólo te dejan estar, y cuando llega el momento de despedirte, aún a los ausentes se les oye gritar ¡VIVA SAN JUAN!

Hermanos  ¡VIVA SAN JUAN!

Antonio Martínez Alburquerque

 

      A SAN JUAN

Enfervorecido amor, San Juan,
a mi me inculcaste
señalando aquel camino,
que de salvación hallaste.

San Juan que tu dedo va,
señalando el buen camino,
bríndanos la bendición,
que con amor te pedimos.

Con amor y con fervor,
que sea tu mano bendita,
la que nos guíe, San Juan,
a encontrar tu senda escrita.

Pe. Placeta-96                                

 

AMIGO JUAN

Cuando viernes llegues allí,
dile que aún sigo aquí,
que no olvido a quien con pasión,
te hizo un hueco en mi corazón.

Cuando viernes llegues allí,
dile que aún sigo aquí,
que un año más, me viste llorar,
al oír, hermanos; viva San Juan.

Cuando viernes llegues allí,
querido apóstol Juan,
dile que aún sigo aquí,
que me viste, llorar y penar,
cuando al gritar, hermanos,
viva San Juan,
no oí su voz replicar.

A. M. Alburquerque